miércoles, 5 de octubre de 2016

CARTA DE LUISA SIGEA A UN CABALLERO DESCONOCIDO, EN LA QUE HABLA SOBRE LA SOLEDAD. I.

Aparece publicada por Manuel Serrano y Sanz, Manuel. Biblioteca de Autores Españoles. Apuntes para una Biblioteca de escritoras españolas. Desde el año 1.401 al 1.833. Vol II. Madrid: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1.905, pp. 417-418.

Consta en un manuscrito del siglo XVII. No sabemos a quién va dirigida.


De don Alonso de Arellano.

ES LA MUGER UNA ENIGMA
QUE EL QUE MÁS LA CONSIDERA,
LA ADIVINA, NO LA ACIERTA.


[Sin fecha].

Después que os fuisteis de aquí me hallé desconsolada y sola de todo lo que es compañía, porque quedé entre dos mozas que me dieron de comer, las cuales para el cuerpo no son alivio, pues ni se debe hablar con ellas porque "non omnes capiunt hoc verbum" ["no todos entienden la palabra"], ni lo son para el espíritu, porque según son materiales, no le tienen.

Atribuléme con una soledad tan grande, sin saber de qué me espanto; porque si la tenía de mi marido, parecióme fuera de propósito tenerla agora desta suerte más que en estos días, pues ha cuatro que está ausente.

Si de amigos, también, pues los veo harto, y no los hay tales en el mundo que merezcan que se haga caso de su ausencia, porque al mejor tiempo buscan sus remedios corporales con que pasan los desabrimientós del espíritu, como hicistes vos ayer, según me han informado.

Si esta soledad procedía de mí misma, no supe de qué, porque si algo fui algún día, lo soy agora. De aquello que yo llamo verdadero y substancial ser, que lo demás de hermosura llévalo una calentura, o dos partos, o tres años de más edad, o un poco de descontento, y las demás veces la diversidad de las opiniones, que lo que a unos parece bien, otros lo juzgan por malísimo.

En fin, con todas estas imaginaciones, crecía más la pena de la soledad, y no sabía caer en la cuenta de qué, hasta que atiné que tenía ausentes tres cosas mías, que la falta de la menor dellas basta para engendrar tal pasión; las cuales son: la voluntad, la afición, la libertad de espíritu, que son las compañeras más leales del alma, porque en faltar todas éstas, todo está ausente.

Pues estando la voluntad en otra persona, no puedo yo tenerla en mí misma, ni querer otro que no sea aquello; y si la afición está empleada en otra parte, aun está peor que la voluntad, porque en siendo afición es pasión y engaño, y trae las gentes embelesadas, de tal suerte que miran lo que les cumple y no lo que hacen; sino que les acaece como al que dieron yerbas, que se queda diciendo siempre la misma cosa que gustaba al tiempo que enfermó, o sea a propósito, o fuera dél. Pues la libertad, ¿qué es della estando un alma de la suerte que digo?; ¿qué me queda? A ser como dice mí Augustín: "suspirabam ligatus non ferro alieno, sed mea ferrea voluntate: velle, enim, meum tenebat inimicus, et inde mihi catena finxerat et constrinxerat me dura servitute" ["suspiraba no encadenado a un hierro ajeno, sino a mi férrea voluntad. Tenía un enemigo en mi misma persona, que me había sujetado con una cadena, y me había encadenado con una dura servidumbre". Confesiones, VIII, 5. 10.]. Y faltando la libertad ¿qué puede haber que dé consuelo ni contento? Que sola ésta sustenta cuando se tiene, y duele cuando se pierde.

Así que yo, con las lástimas de mi soledad, acójome a escribíroslas, no para pediros remedio, que no hay quien le dé, sino quien dió el daño, que es el alma; y como fue flaca cuando se engañó, así es menester que sea valerosa para tornar en sí y sanar "quod confractum fuerat [alligabo]" ["lo que había sido quebrado (lo ataré)". Biblia. Profecía de Ezequiel, Cap. XXXIV, v. 16]. Pero dígolo "per isfogar il mío intorno pianto" ["para desfogar mi llanto"] de verme así, como el que llora, que toma consuelo de que le vean llorar, aun los no amigos; que la misma pasión de suyo finge (para ser menor) que se compadece quien ve sus lágrimas, y con este engaño alíviase; y lo bueno fue que para que de veras fuese engaño, llegando a aquí me dieron vuestro recado de la compañía que tenéis, donde no faltará Baco y la otra su compañera, que no merece ser nombrada.

Estuve con tal recado por romper este papel; después, no quise, ni aún pude; que a estos términos soy llegada, y más adelante, a lo que dice el mismo mi Agustino: "dum servitur voluntati, facta est neccesitas" ["cuando se sirve a la voluntad se hace una necesidad". Pero en realidad San Agusín dice: "et dum servitur libidini, facta est consuetudo, et dum consuetudini non resistitur, facta est necessitas": de ser el apetito servido, vino a ser costumbre, y no siendo la voluntad contenida, se hizo necesidad". Confesiones, VIII, 5. 10.]; y lo que más es para admirar, que con estar aquí estoy tan lejos de lo que vos estáis, conforme al sensual apetito de las demás gentes, y tan cerca de mi "illibata" [intacta] y limpia opinión y condición que jamás saldré della.

Verdad es que la tengo por diferente respecto de lo que se puede pensar, que es porque dura, y no sea como todo lo corruptible, que la (...) [está tachado, quizá el garabato pone "limpieza"], violencía lo trae al fin en breve. Y porque mis soledades no os enfaden, que no debéis tenellas con tal compañía, y es al sordo música, no digo más dellas, mas que rogaros me busquéis algún medio, y si le halláredes que me satisfaga, se os decid lo de Virgilio: "Phyllida solus habeto" ["tú solo gozarás de Phyllis". Bucolica. Égloga III, v. 107]; y [esto] si sois griego; si no, aprended qué quiere decir "Phyllida".




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