martes, 4 de octubre de 2016

CARTA DE LUISA SIGEA A LA REINA MARÍA DE HUNGRÍA, HERMANA DE CARLOS I DE ESPAÑA. (1556).

Esta es la primera de las cartas que conocemos, que dirigió Luisa Sigea a María de Habsburgo o de Austria (1505-1558), hija de Juana I de Castilla y Felipe I el Hermoso, y hermana del emperador Carlos I de España. Tras su matrimonio con Luis II de Hungría (1522) fue conocida como María de Hungría y Bohemia. Viuda de éste (1526), en 1531 su hermano Carlos I le nombró Gobernadora de los Países Bajos, ejerciendo este cargo durante durante 24 años (hasta 1555), momento en que regresó a España, instalándose en Valladolid. Falleció el 18 de octubre de 1558.

Nos recuerda María R. Prieto (Epistolario latino. Luisa Sigea. Madrid: Akal, 2007, pág. 110, nota 64), que en su viaje de los Países Bajos a Valladolid, la reina María conoció en Burgos a Luisa, por lo que se interesó por ella.

Esta carta fue editada por Serrano y Sanz, Manuel. Biblioteca de Autores Españoles. Apuntes para una Biblioteca de escritoras españolas. Desde el año 1.401 al 1.833. Vol II. Madrid: Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1.905, pág. 409-410.



«Ad Mariam Hungariae et Bohemiae Reginam Augustissimam.
Audaciae prorsus adscribendum fateor cum ad Majestatem tuam scribam, cum pulvis sim et cinis, ni me ad hoc tua in bonarum artium professores mira benignitas impelleret, quae omnem penitus tantae celsitudinis stuporem veluti tenuissimam nebulam humanitatis sole dissipat ac resolvit; praesertim cum a Majestatis tuae oeconomo audierim mentionem de me facere te non dedignatam quin iubere ut ad tui obsequium remearem si iuberet, ac regia fide promittere mihi meoque coniugi praemia digna reddituram.
Habeo itaque inmortales pro tanto dono majestati tuae gratias, ac doleo quod non ab ipsis incunabulis meorum studiorum proventus omnes ac vigilias tibi solum devoverim, tibi inquam quae orbis moderamen ob divini animi tui dotes Regiae celsitudinis adeo consimiles sola inter mortales promereris.
Solatur me tamen quod brevi futurum spero ut Majestatis tuae pedibus provolvat cum ad nos mea venerir Princeps, eoque temporis quod de me meoque coniuge tua sanxerir Majestas, facilius erit adimplere, dum tamen interim id sibi velit tua celsitudo persuadere nihil aliud quam tibi obsequium aliquod quoad vixero impendere, mihi posse venire dulcius nihilque foelicius.
Vivat igitur tua Majestas ut doctos omnes foveat bonasque artes ad astra tollat, quae sola potest.
Burgis, anno 1.557.
Tuae majestatis pedibus provoluta.
Loysa Sygea».
A María, Augustísima reina de Hungría y Bohemia.
La mayor audacia, confieso que se me podría atribuir, cuando a Vuestra Majestad escribo, siendo "yo sólo polvo y ceniza" (Génesis 18, 27), si vuestra admirable bondad a favor de los profesores de las Bellas Artes no me impulsara a ello; la cual disipa y hace desaparecer con el sol de vuestra humaniad, como si fuera una nube insignificante, el gran estupor que se siente ante tan absoluta grandeza. Principalmente cuando por el ecónomo de Vuestra Majestad me hube enterado de que vos me mencionábais en vuestras conversaciones sin menospreciarme, y, lo que es más, que deseábais que entrara al servicio de Vuestra persona si a mí me placía, y que por vuestra real fe habíais prometido que a mí y a mi marido dignas recompensas nos daríais.
Así pues, doy gracias eternas por tan gran don a Vuestra Majestad, y me duelo de no haber consagrado desde mi cuna a vos todo el fruto de mis estudios y mis vigilias; a Vos, insisto, que sois la única digna de gobernar el orbe por las dotes de vuestro divino ánimo, semejantes a Vuestra Grandeza Real, entre los mortales.
No obstante, yo me consuelo porque en breve espero postrarme a los pies de Vuestra Majestad, cuando mi Princesa venga hasta nosotros, y entonces será más fácil cumplir con aquello que Vuestra Majestad haya decidido sobre mí y sobre mi marido. Entretanto, no quiera Vuestra Grandeza creer otra cosa más que esto, que consagrar mi obediencia a Vos, todo el tiempo que viva, no puede ser para mí nada más dulce ni más feliz.
Tenga salud, pues, Vuestra Majestad, para a todos los sabios favorecer y las Bellas Artes hasta las estrellas elevar, lo cual sólo puede hacerlo posible Vuestra Majestad.
En Burgos, en el año 1.556.
Postrada a los pies de Vuestra Majestad.

(Traducción de Raúl Amores).




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